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Un total de 40 personas mayores residentes y
usuarios del Centro de Día de la Residencia Velluters participan en el
programa de Terapia Asistida con Animales de Compañía que desde hace dos
años se desarrolla en residencias de tercera edad, gracias a la
colaboración entre la conselleria de Bienestar Social y la Asociación
para el Respeto y Convivencia con los Animales Domésticos y Salvajes (Arcadys).
El programa intenta «ofrecer compañía y afecto a las personas mayores
ingresadas en una residencia, con el objetivo de mejorar uno de los
problemas más graves que sufren las personas de edad avanzada: la soledad
y el aislamiento».
En este programa participan residentes con problemas de interacción
social, con alteraciones del estado de ánimo y residentes con demencias
en fases iniciales, señalaron las citadas fuentes. Los animales de compañía
y sus dueños son voluntarios de Arcadys y visitan una vez a la semana la
residencia. La consellera de Bienestar Social, Alicia de Miguel, explicó
que la Terapia Asistida por Animales «tiene como base la interacción con
un animal de compañía», ya que, además, «las personas mayores, no sólo
reciben atención por parte del animal, sino que el voluntario y dueño
del animal acompaña también al residente estimulando la conversación
entre ambos».
Los resultados del seguimiento que se ha hecho a los residentes que han
participado en el programa son «inmejorables» porque, dijo, «el fenómeno
de la recuperación es un hecho real, ya que el contacto con un animal y
la interacción con éste provee beneficios terapéuticos, desde alargar
la expectativa de vida hasta la reducción del estrés y de la presión
sanguínea, además se ha detectado una mejoría en los residentes con
estados depresivos».
Dos grupos de usuarios participan en este programa. Por un lado, son
residentes con alta dependencia, con los que se pretende una actividad
estimulativa a nivel afectivo y cognitivo. El segundo grupo lo integran
residentes con distintos niveles de autonomía pero con buena capacidad de
respuesta.
Los objetivos del proyecto son estimular física, psíquica y socialmente
con actividades terapéuticas a los residentes; paliar el sentimiento de
soledad que padecen algunos residentes; disminuir la ansiedad y mejorar el
estado de ánimo; facilitar la interacción con otras personas; estimular
la comunicación; dar y recibir cariño, mejorando la sociabilidad;
aumentar de la autoestima y autocuidados; estimular la responsabilidad, y
romper con el autoaislamiento aceptando nuevas situaciones.
El programa consta de tres fases. La primera de adaptación, en la que se
produce el primer contacto entre el residente, el animal de compañía y
el voluntario. Una segunda fase, donde el residente comienza a tratar con
el perro, cepillándole, dándole de comer, acariciándolo, siempre con la
supervisión del voluntario. Por último, se realiza una evaluación y
valoración de los cambios que se han producido en el estado de ánimo y
en la comunicación de algunos residentes como consecuencia de la aplicación
del programa.
Europa Press, Valencia
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