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Réquiem por las palomas |
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El cielo de Valencia se esta quedando vacío de palomas. Las veo desaparecer día a día. Se marchan sin hacer ruido, sin lamentos , en silencio, atrapadas en las redes que inmovilizan sus alas para siempre o fulminadas por el vil y cobarde veneno . Quejas, suciedades y molestias también mueren con ellas. ¡Qué descansados se van a quedar quienes tanto han abogado por su destrucción ¡Qué satisfechos se van a sentir ¡La ropa tendida a salvo, los edificios a salvo, los monumentos a salvo , las fachadas a salvo¡ ¡Qué gozada ¡ ¿A qué precio ? ¿Y a quién le importa, amén de a cuatro chiflados para los que la vida de una paloma vale tanto como la de cualquier ser viviente? Pues mira por donde yo soy uno de esos chiflados, en esta ocasión chiflada y me pregunto quién marcó la diferencia de valor entre unas vidas y otras, si todas significan para su poseedor lo más preciado y su pérdida lo más doloroso. Y sino que se lo digan a las palomas. Sinceramente, tal y como veo la situación , creo que hay pocas esperanzas de futuro para estas amigas aladas. Han sido condenadas por parte de la opinión pública y pocos son los que se atreven de momento a levantar la voz en su defensa y más escasos todavía, los que se aventuran a bucear por los entresijos de esta campaña desacreditativa de las palomas. Me honro en pertenecer a esta selecta minoría. El agravante añadido a este lamentable
estado de cosas, nacido del inexplicable y repentino rechazo social hacia
las palomas, lo constituye ahora la inoportuna aparición de la gripe
aviar y el miedo colectivo al contagio. Esta lamentable circunstancia , le
ha venido como anillo al dedo a más de uno . Ya se sabe: «A río
revuelto ganancia de pescadores». Así el ciudadano de a pie, que no
toleraba a las palomas y pedía a gritos perderlas de vista, ha encontrado
una vía fácil y rápida para conseguirlo. Ya no tiene que inventarse
pueriles excusas (suciedad, ruido, etc.) para que se las lleven, porque la
actual presunta razón sanitaria les da una formidable salida , aunque un
señor catedrático especializado en plagas ¿...? durante una reciente
entrevista televisiva afirmó que las palomas no entrañan ningún peligro
de transmisión para el hombre, en lo que a la gripe aviar se refiere. A
criterio de los demandantes no hay pretextos que valgan, para salvarlas. Lógicamente,
mi propuesta en solitario de luchar por su supervivencia, tiene
exacerbados enemigos, entre ellos los indiferentes y los racionalistas de
pro, que me dirán que unos cuantos miles de palomas urbanas, no son nada
comparado con los centenares de millones de pollos, gallinas y patos que
actualmente son quemados vivos o enterrados vivos, en toda una exhibición
de extrema brutalidad que me lleva a sentirme avergonzada de pertenecer al
género humano. Y no están faltos de razón estas mentes privilegiadas.
El argumento es válido en lo relativo al porcentaje de cadáveres
resultantes en cada caso, por lo que relativizando la cuestión y hablando
en términos numéricos, unos cuantos millares de palomas, es ciertamente
una cantidad insignificante al lado de las gigantescas proporciones que ha
adquirido la masiva destrucción de determinados animales de consumo,
hechos para el sufrimiento desde el mismo momento de nacer, dotados del
privilegio de volar, y de la mala suerte de no poder hacerlo jamás. Pero
ante este racional y frío alegato, cuando de muertes se trata, dado que
la muerte, como tal, es igual para todos los seres vivientes ¿qué más
da que se multiplique por cien o por un millón? En fin yo a nivel personal y como portavoz
de los muchos que piensan y sienten de la misma forma acerca de las
palomas, desde la congoja, la tristeza y el desánimo, he cumplido con el
deber moral y ético de hablar por ellas y para ellas, en un vano intento
de pagarles la deuda que como presunto ser racional tengo contraída para
con el resto de pobladores no humanos del planeta, entre los que se
cuentan las satanizadas palomas. Pero los que se ponen medallas. Los que
presumen y alardean de haber llevado a buen termino sus propósitos, quitándoselas
de encima, tampoco este logro les va a hacer felices, si nos apercibimos
que la felicidad tiene mucho que ver con la paz interior y la tranquilidad
de conciencia y quizás estas personas no la tengan. EMILIA PASTOR RÍOS - PRESIDENTA DE LA ASOCIACIÓN ARCADYS Artículo Publicado en Levante-El Mercantil Valenciano |
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