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| EL PRECIO DEL ABANDONO |
EL PRECIO DEL ABANDONO por Juan OliverCon la llegada del verano comenzamos a ver, como todos los años, gran número de animales abandonados. Muchos de ellos fueron en su día el gracioso y divertido regalo de Reyes. Ahora con la llegada de las vacaciones, es el mayor inconveniente para poder salir a disfrutarlas. Aquel perrito o gatito creció, y como los propietarios no pueden llevárselo a pasar la temporada estival con ellos, alguien con una “brillante idea” decide encargarse del animal y solucionar su problema, abandonándolo a su suerte. Por desgracia, el problema que para algunos termina, comienza para el resto de la sociedad y para el desdichado animal. Vagan desamparados por calles y carreteras, intentando encontrar algún trozo de comida que llevarse a la boca para poder sobrevivir, hasta que les llegue su terrible fin. Muchos enfermarán, otros morirán de inanición, algunos serán atropellados, otros brutalmente martirizados, y quizá los más afortunados serán recogidos por el servicio de las perreras, obteniendo finalmente una muerte menos cruel. Las cifras del número de abandonos en nuestro país, son alarmantes. Pero, ¿nos hemos preguntado lo que nos cuestan los
abandonos?. En realidad muchos millones, los cuales surgen de nuestros
bolsillos. Todo abandono nos cuesta dinero: los accidentes de tráfico,
mordeduras y zoonosis transmitidas atendidas por los profesionales de
nuestra red sanitaria en los centros de salud, a los quienes paga el
estado (o sea todos); la recogida, mantenimiento del periodo mínimo legal
en la perrera y el sacrificio de cada animal, también lo costeamos entre
todos (y son miles); las caídas como consecuencia de resbalones por los
excrementos, la limpieza de las calles y carreteras, destrozos en zonas próximas
a los contenedores de basuras también las sufragamos entre todos, etc..
En fin, las consecuencias sociales del abandono las financiamos entre
todos los contribuyentes. Aquello que era un asunto particular, se nos ha
convertido en un problema social, que nos está repercutiendo a todos,
esto sin olvidar la larga agonía y sufrimiento que ha padecido el pobre
animal. Posiblemente sería más sencillo, que ese cachorro no se hubiese regalado por Navidad; que el propietario se hubiera cuestionado la adopción y manutención del mismo, con todos los inconvenientes y ventajas que conlleva, no dejándose llevar por sus primeros impulsos y emociones; que el responsable del animal hubiese sentido cierta empatía hacía el ser que ha convivido con él, pensando el fin que le espera; entonces, y después de meditarlo racionalmente, quizá no nos encontraríamos ante un problema de tanta magnitud y en progresivo aumento. ¿debemos seguir costeando la irresponsabilidad de algunos? ¿deben los animales ser usados y desechados de este modo? ¿Serán nuestros políticos capaces de solucionar estas cuestiones? Valencia, 5 de julio de 2003
Fdo.: Juan Oliver Sabaté Directivo de ARCADYS y Delegado Provincial de Fedenva
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